Carta abierta a los que me quieren.
Y a los que no me quieren también, por qué no....
Por estas fechas hace aproximadamente veintidós meses
que me encuentro en una situación de dependencia extrema
con todas las limitaciones que vengo contando en este blog.
Blog que siento que, desde el momento en que cuelgo la
entrada, deja de ser mío para ser de todos los que lo leen,
da igual el concepto en que lo hagan.
Se convierte en algo ajeno sobre lo que de repente yo
también reflexiono y me da vida y reinterpreto según
hablo o discuto con vosotros, por distintos medios, de las
ideas, sensaciones o tonterías que en él cuento o transmito.
Entre las personas que diariamente comparten mi vida,
quienes de distintas maneras me atienden o quiénes
esporádicamente frecuento, yo, que soy muy preguntona,
aprendo mucho de las sensaciones que provoca mi vida
diaria en las vidas de los demás.
También he conseguido con todo ello tener otra forma
de relaciones desde mi encierro corporal.
Con todo ello no me queda más remedio que hacer una
reflexión teniendo en cuenta la vida a la que estoy
abocando a la gente más cercana y que más quiero.
Sin ninguna culpa ni explicación sienten la condena que
les ha caído encima.
Sin poder rebelarse.
Condena vitalicia en una vida que espero larga todavía
teniendo en cuenta que tengo 58 años.
Mi vida.
Con la de ellos voy a acabar, si no he acabado ya.
En este momento, como en muchos, mi blog se convierte
en un grito desgarrador reclamando la justicia, el futuro,
la vida a la que todos, ellos y yo, tenemos derecho.
Después de muchos días, muchas situaciones, muchas
vueltas que le doy a mi cabeza y sabiendo que este
momento que vivo, físicamente, sólo puede ir a peor,
pretendo buscar una solución que sea buena o la mejor
posible para todos.
Llegados a este punto, que releo y veo que contiene
ciertos toques de dramatismo, no os preocupéis,
no tengo alma de suicida.
No.
Me planteo, aunque socialmente está mal visto,
o no claramente admitido:
irme a una residencia, a una buena residencia...
Tengo pensión suficiente para no depender de nadie.
Que más se puede pedir en esta situación....
Tengo clara la idea, no tengo claro el sitio.
Mi estancia en El Mirón me sirvió para conocer la vida
hospitalaria, moverme en silla de ruedas y perder la
vergüenza por las deficiencias del cuerpo.....
Y ví la posibilidad de ser libres ellos y yo también, por qué no,
viniendo a verme sin obligaciones e incluso a sacarme
sólo en momentos que tengan o tengamos algo distinto que
ofrecernos, una comida, un fin de semana, un viaje reparador....
quien sabe.....
Aquí también podéis entrar todos a opinar, a dar ideas,
a aportar vuestro conocimiento de residencias....
igual hay alguna en el mar o en algún sitio muy especial
de manera que os apetezca venir a visitarme sin necesidad
de tener que sondarme o asearme.
Tendré las necesidades mínimas cubiertas y otras, médico,
enfermera, fisioterapia, podólogo, peluquería....
y mucho tiempo libre.
Lo que estoy escribiendo me va a costar un disgusto familiar, lo sé.
Primero os cabreareis y me pediréis que lo retire.
Luego llorareis.
Pero eso ya lo he hecho yo.
Sólo pido que entre todos hagamos una reflexión serena,
o inteligente, del tema que propongo.
Todo desde el cariño que os tengo.
Os quiero.
No os preocupéis por mi.
Miento.
Preocuparos por mi, pero sólo lo justo, que tiene que
haber otra vida aparte de la esclerosis.
Si seguímos como hasta ahora el recorrido es muy corto.
Dentro de muy poco tiempo y por mucha ayuda que tenga,
el desgaste de las personas que me rodean diariamente
es total y ya nada tendrá arreglo.
No me lo perdonaría.
Daros cuenta de que hablo con mucha gente en esta situación.
Haced vuestra vida contando conmigo sólo para las cosas buenas...
comidas, viajes, excursiones....y yo mientras aqui os espero,
pues vosotros algún día también seréis dependientes y
podremos volver a estar juntos.
De momento considerar que estos casi dos años han sido
una parada técnica.
Manos a la obra !!!
P. D. No sé cuando continuaré el blog.
Ahora quiero quitarme la obligación y dedicarme a leer.
Empezaré con Lucía Berlin